11
Mar
08

Una obra maestra

En esta última entrada me gustaría nombrar a una obra maestra de los videojuegos que me fascinó. Se llama “The Legend of Zelda” y merece un homenaje.

Para hablar de The Legend of Zelda: Ocarina of Time, tenemos que remontarnos a las anteriores versiones del juego en los diferentes sistemas de Nintendo. Porque este juego ha ido labrando su prestigio a lo largo del tiempo, y ha ido escalando en tecnología al tiempo que Nintendo sacaba nuevos sistemas. Los dos primeros juegos de Zelda aparecieron para el sistema NES a principios de los 90. Por entonces, el juego no pasaba de una calidad mediocre. Pero cuando Nintendo dio el paso a los 16 bit utilizó a Link para crear la primera aventura action-rpg para Super NES (A Link to the Past). Todo mejoró: gráficos, sonido, la historia…

 Zelda para Super NES fue el comienzo de la época dorada de Zelda. Luego vendría la versión portátil de Game Boy (Link’s Awakening) que mantenía el ‘feeling’ de la versión Super NES y que hacía un giro en la historia. Ahora ya no había que rescatar a Zelda, sino despertar de una pesadilla que le había hecho naufragar en una isla. Para ello, Link debía despertar al Pez del Viento (Wind Fish).

La gran esperanza que teníamos era que creara la adaptación definitiva de su best-seller, Zelda, a Nintendo 64. Todo el mundo estaba ansioso. Comenzaron a exhibirse las primeras pantallas y vídeos en diversas ferias por todo el mundo. Las noticias comenzaban a caer con cuenta-gotas. Como siempre. La tensión iba en aumento.

Shigeru Miyamoto, el creador de la saga Zelda y diseñador de esta última entrega, dio a conocer las características técnicas del juego. Un action-rpg con gráficos poligonales en 3D, con vastos mundos para recorrer, con aterradores monstruos que vencer y con todo aquello que encumbró a lo más alto las anteriores versiones del juego. The Legend of Zelda: Ocarina of Time venía encaminado a ser el vencedor y a ser el best-seller por excelencia de la historia de los videojuegos. Por ahora está cumpliendo las expectativas sobresalientemente.

La modelación 3D de los personajes es perfecta, sobre todo si nos fijamos en la de Link. Ahora más que nunca parece que estamos controlando a un ser humanoide. La animación de Link, además de muy variada, está cuidada hasta el límite, y cualquier gesto que reproduzca su cuerpo nos hará esbozar un suspiro. Miyamoto ha trabajado este apartado hasta intentar confundirnos entre la realidad y la ficción.

Prueba de ello son las escenas cinemáticas que enlazan las decenas diferentes de la aventura. Y estamos hablando de secuencias de 3D en tiempo real y de duraciones que van desde la apertura de un cofre, hasta toda una narración épica. Sinceramente, no creí que en un cartucho de 256 bits fuera a a caber tanto y tan bueno con respecto a gráficos.


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